04 mayo, 2018

Pablo García Naranjo y "La misericordia del verdugo" en la Feria del Libro de Sevilla


El resultado está tan bien conseguido que si nos dijeran que la escribió Mickey Spillane, difícilmente dudaríamos. David G. Panadero (Revista Prótesis)

• Comienzas la lectura y recuerdas esas frases contundentes como martillos pilones, ese ambientazo de derrota y crimen que rememoran al mejor Chandler. Sergio Torrijos (Revista Calibre 38)

Vayan a las librerías y encarguen el libro. Y si conocen a alguien que lo tenga, róbenselo. No dejen pasar un día más si leer este pequeño monumento a la novela negra. (Diario Público)

No es sólo por su lenguaje preciso y rotundo o por su capacidad para crear diálogos llenos de lirismo, es que cada palabra está en el sitio exacto y que su prosa se deja leer a un ritmo que hace que la novela se acabe en un suspiro. Alejandro Gamero (La piedra de Sísifo) 


Pablo García Naranjo es una de las voces más poderosas dentro del panorama negro-criminal de nuestro país. Y con esta segunda entrega de su personaje más emblemático lo vuelve a demostrar. Novela negra clásica, con reminiscencias al Parker, de Donald Westlake; o a Un baile en el matadero, de Lawrence Block. 

"La misericordia del verdugo" (editorial Cuadernos del Laberinto. Madrid, 2018) es la segunda entrega de Coburn; y una de las novedades del género negro más esperadas del año. Este domingo, 6 de abril, tendremos a su autor firmando en la Feria del Libro de Sevilla. Una ocasión de oro para charlar con él y pedirle que nos señale los secretos de su escritura y despiadada imaginación.



 Llega a las librerías la segunda entrega del ya gran personaje Coburn, ¿cómo ha evolucionado el personaje desde la primera entrega? 
—Una de las ventajas a la hora de afrontar una nueva historia sobre el personaje es que en la primera entrega no es más que un esquema, un arquetipo que se desarrolla al ritmo de los acontecimientos. Un cliché afortunado y referencial. Coburn es la idealización de un molde, de un tipo dramático que se pasea por la literatura negra y el cine desde hace décadas. Tal vez por eso haya tenido más pegada de la que esperaba: es fácil acompañarle en sus aventuras. En "La misericordia del verdugo" trato de aportar más contexto y humanidad al personaje. Humanizar a un personaje desalmado sólo puede conseguirle rodeándole de otros lobos como él. En esta nueva novela, tal vez como en la primera, Coburn no es más que el menos malo.
En "La misericordia del verdugo" encontramos a un Coburn perdido y desesperanzado. Es el vivo ejemplo de personaje caído. Y a partir de ahí sólo le queda sobreponerse o hundirse del todo.

¿Cuáles son las características que más valora de su personaje?
—Me gusta su suerte imposible, su comentario hiriente y el hielo que le recorre las venas. Y la fidelidad que tiene hacia su propio código. El resto es despreciable y ruin.

-¿Es Coburn su alter ego soñado, cuánto hay de usted en él?
Soy un autor que toma perspectiva respecto a lo que escribe. Mi mujer me cataloga como un escritor sórdido, tendente a la descripción descarnada y cruel. Y no tengo el más mínimo remordimiento porque es ficción, aventura y tensión. Todo es mentira, y todo se hace por el espectáculo. Quiero pensar que no hay nada de Coburn en mí, ni nada de mí en él; de ser así le hubieran matado en el primer tiroteo, o le hubiera dado un ataque al corazón.

¿Qué opinión le merece la novela negra contemporánea española? ¿Siguen dándonos mil vueltas los escritores norteamericanos?
—La entrada en el circuito de la novela negra me ha reportado conocer a grandes escritores de género españoles. El género negro tiene un prisma tan amplio que toda clase de ficciones entran en este cajón maravilloso. Cualquier novela con un cadáver se etiqueta como negra, independientemente de su trama o pretensiones. ¿Mil vueltas? En Norteamérica, en mi opinión, se respeta más la tradición y el oficio; culturalmente el negro es más aceptado. Aquí se habla de moda y de etiquetas y nos olvidamos algunas veces de nombres como los de Julián Ibánez, Andreu Martín, Carlos Augusto Casas, Claudio Cerdán o Benito Olmo, entre otros muchos. Gente que no tiene que demostrar nada a nadie y que nos han brindado grandes novelas.

Pablo García Naranjo
Pablo García Naranjo
Defínase en cinco palabras.
—Profesional, disperso, perezoso, despistado, picajoso. De tener alguna virtud añadida, no me corresponde a mí decirla.

Dentro de unos días estará en la Feria del Libro de Sevilla. ¿Qué es lo que valora en el encuentro con los lectores?
—Disfruto mucho del contacto con los lectores porque aportan realidad al trabajo y calor humano. En un mundo lleno de redes sociales me encanta hablar unos minutos con la gente que se ha tomado la molestia de comprar el fruto de tu trabajo. Escribir, como se suele decir, es una actividad solitaria, pero el resto no tiene que serlo.
 



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