05 marzo, 2018

“Versos envenenados” surge de un encuentro casual que tuve con un grupo de cruising. Francisco Javier Illán Vivas


P.- ¿Versos envenenados en tu primera incursión en la novela negra después de dedicarte habitualmente a la fantasía, el terror y la poesía?
R.- En efecto, y es casi mi reencuentro con la escritura, tras más de un año alejado de ella. Una novela que surgió sin pensar, paseando por las Salinas de San Pedro del Pinatar, se apareció ante mi una inesperada situación, el encuentro con un grupo cruising que se habían citado en la pasarela que lleva de la llamada Curva de la Serpiente a la Playa de la Torre Derribada, y el argumento de la novela se me planteó con una simple pregunta, que no debo reproducir aquí para no desvelar parte de la trama. Cuando llegué a casa encendí el ordenador y, casi compulsivamente, escribí unas ochenta páginas. Allí estaba, el asesinato, el testigo, la búsqueda del detective, y unos poemas en la mano... Cuando releí estas ochenta páginas, me pregunté, ¿cómo comienza todo esto? Y el resultado son Versos envenenados.

P.- Las protagonistas de Versos envenenados son dos mujeres ¿Cuál es el detonante de sus actos?
R.- Dos mujeres que no se conocen hasta que entran a trabajar en la misma empresa, que era nueva en la ciudad, Murcia capital. Ambas separadas por la estructura profesional, una recepcionista, otra muy cercana a los puestos de mando. Sin saberlo, y ahí surge la rivalidad, tenían muchos puntos en común: le gusta leer, les gusta la buena poesía, en concreto Pablo Neruda y Luis Alberto de Cuenca... y les gustan los mismos hombres. Por eso, tal vez, su amistad fue tan profunda casi a primera vista. E, inevitablemente, el gusto por los mismos hombres, el detonante de la rivalidad que las llevará a actuar casi como mantis religiosas. A pesar de ser un acto cruel el final de la relación de la mantis religiosa con el macho que la fecunda, es un baile poético, es una muerte tan dulce que el macho no sabe lo que ocurre hasta que ya es demasiado tarde. Eso mismo representa la poesía en la actuación de estas dos mujeres.

P.- ¿Hasta qué punto es un homenaje a Pablo Neruda y Luis Alberto de Cuenca?
R.- El homenaje lo brindan las rivales en las conversaciones con sus amantes. El lector encontrará detalles de la vida de Pablo Neruda, de sus gustos, de sus proyectos, mientras la acción va in crescendo, como una tragedia griega, todo ello recreado con algunas estrofas de los más famosos poemas del chileno. Pero sobre todo del madrileño Luis Alberto de Cuenca, porque el misterio ronda alrededor de una decena de sus poemas, algunos muy conocidos por cualquier lector, pues ya forman parte de la acervo cultural español. Un repaso a su obra y a su vida, momentos antes del climax final de la novela, antes de que se descubra qué une sus poemas con los asesinados, que creo representa lo significativo de esta novela: encontrar el poema justo a cada momento de la trama policial, que le acompaña como si fuese la banda sonora de una película.

P.- Versos envenenados fue finalista del Premio Wilkie Collins de Novela Negra y se presenta en Tenerife Noir. ¿Una novedad con respecto al resto de tu obra?
R.- Para mi ha significado toda una novedad. Nunca había escrito novela criminal, novela negra. Como decías al principio, he escrito y publicado fantasía heroica, relato de terror, mucha poesía, y tengo la estructura de una novela histórica en mi ordenador, pero este campo nunca lo había tocado, a pesar de ser un aficionado al cine negro, al cine de detectives. He leído mucho a los autores clásicos de la novela del género que nos ocupa. Pero fue ese encuentro en las Salinas de San Pedro que te he comentado, el que me empujó a escribir obsesivamente alrededor de varios asesinatos que parecían otra cosa, y que la persistencia de un policía descubre. Porque él también es un personaje principal, y un objeto de disputa, entre las dos rivales de las que hemos hablado. Y esta novedad en mi creación literaria hace que en estos momentos esté escribiendo otra trama policíaca.

P.- Tenerife Noir se presenta como Festival Atlántico. ¿Crees que la unión de autores y mercados de un lado y otro de América es vital para la buena salud de la industria cultural y del idioma español?
R.- Sin lugar a dudas. Quienes conocemos el mundo literario, al nivel que a cada uno nos corresponde, vamos descubriendo día a día que las presentaciones de libros individuales no son suficientes, que cada vez acude menos público a las mismas. Los festivales como éste unen a autores, editoriales, público y prensa en un mismo lugar, para hablar de un tema común, lo cual enriquece a todas las partes participantes. Y acercar lo que se escribe aquí y allí, alrededor de un idioma común, enriquece mucho más, nos da a conocer nuevas facetas, como las caras de un diamante, que debes estar cerca de él para apreciar toda la belleza de sus miles de tonalidades.

P.- Murcia es una tierra que da muchos escritores, especialmente en relación con su tamaño. ¿A qué crees que se debe?
R.- Hace pocas fechas tratábamos este mismo tema en el Real Casino de Murcia, en un encuentro entre autores, distribuidor, editoriales y lectores. Hablamos alrededor del tiempo apacible que normalmente acompaña a Murcia, de la cantidad de horas de sol, de los pocos días grises con los que contamos al cabo del año. De que Murcia, o Cartagena, o Lorca, o San Pedro del Pinatar, o cualquier otra son ciudades donde aún mucha gente se conoce, donde pasear por la calle hace que te encuentres con conocidos, y toda esa experiencia vital del autor se plasma en la escritura. Mira, hay un dicho en los mentideros murcianos: en Murcia levantas una baldosa y salen cien poetas. Puedes hacerte una idea.

Toda la información sobre el libro http://www.mareditor.com/narrativa/versos_envenedados.htm

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