18 diciembre, 2017

El mejor libro de novela negra del 2017




‘El taxista asesino’ escoge el mejor libro de género negó del 2017: Y por unanimidad decidimos que es TODO BELLÓN, de Julián Ibáñez, (editorial Cuadernos del Laberinto) en donde se reúne toda la obra de este buscavidas inigualable.


 Hemos hablado con el autor, Julián Ibáñez, uno de los monstruos sagrados de la literatura negra de nuestro país. Un fetiche para todos aquellos que sabemos apreciar el ritmo y el Hard Boiled.

-Este libro, ¿es un homenaje a Bellón o a Julián Ibáñez?
A Bellón (y menos bromas). El autor solo está para cepillarle la chaqueta, que aparezca presentable cuando le pongan la medalla.

-¿Hay algo de usted en Bellón?
Un cincuenta por ciento. Hasta los treinta años yo también estuve dando tumbos por ahí. El otro cincuenta por ciento es lo que Bellón es y yo no fui (y me hubiera gustado ser): un tío duro.
Caigo en la cuenta de que siempre he procurado tener amigos como Bellón, tipos fuertes, rudos, a los que en peleas de bar puedes empujarles por la espalda con un “Vamos, ¡sacúdelos!”

-¿Algún día Bellón sentará la cabeza? O lo que es lo mismo, ¿llevara una vida ordenada, rutinaria y aburrida, con hipoteca y domingos por la tarde?
Entonces ya no sería Bellón, sería un Julián Ibáñez sin hipotecas. Bellón lleva de la mano al autor para que no se aburra. Bellón no sabe qué es un domingo por la tarde, en realidad no se aclara en qué día de la semana  se encuentra (sabe que es domingo cuando, por la mañana, se cruza con fulanos con el abrigo sobre el pijama y una grasienta bolsa de churros en la mano)

-En sus obras aparecen policías, pero nunca son los protagonistas.
El único policía que conocí un poco era un primo de mi mujer, de la BPS. No me molaba. Yo soy un producto de la posguerra, hijo de perdedores, lo que se traduce en cierto prejuicio hacia el Cuerpo. Injusto, hoy día. Por eso, mi coprotagonista, Azucena, es poli y me esfuerzo en que caiga bien al personal: cuando Bellón no tiene ningún soplo para ella, se deja hacer una paja sin rechistar, para que nuestro hombre crea que se ha ganado los 20 pavos.

-Otro rasgo de sus novelas es que son duras, pero no violentas.
No, no me gustan demasiado las escenas violentas, ni las de sexo. Rompen el ritmo de la narración. La violencia nos rodea, digamos que es “cósmica” La violencia explícita en España solo existe en pequeñas dosis; quizás al otro lado del charco es otra cosa

-¿Hay mucho Bellón por ahí suelto?
Mucho. No les vemos porque el primer atributo de un Bellón es camuflarse en un López, o un Gutiérrez, con un corte de pelo normal (aunque casero), chupa con todos los botones, botas de mercadillo a las que ha sacado algo de brillo con la colcha, etc.

-¿Por qué cree que nos atrae tanto el lado oscuro de la vida?
Esta es una pregunta filosófica. Si sabemos que le tememos mucho a la muerte. Pero cuando cruzamos junto a un abismo nos gusta asomar la cabeza. Quizás porque pensamos “si me arrojo, todo se acabó, así que no me arrojo”, y esto nos sabe a victoria.

-¿Nunca le ha tentado la idea de escribir una novela no de los bajos fondos sino de los altos/bajos fondos?
Me falta documentación. Los bajos/bajos fondos los conozco, más o menos. Los altos solo los conozco por las pelis y porque alguna vez un  Bentley al cruzar a más de cien sobre un charco me ha salpicado.

-¿Cómo ve el panorama del género negro en España?
Un maremoto. Entre tanta producción seguro que hay tres o cuatro novelas muy buenas. Han llegado a mis manos un par de ellas. Quizás algún día les demos una patada en el culo a los americanos.

-¿Va a seguir contando las andanzas de Bellón?
Lo que él diga. Yo soy un chico disponible, él ya conoce la esquina donde me gano el pan.

-Si se encontrara frente a frente con su personaje, ¿qué le diría?
Veinte pavos y la cama, cariño. 


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