02 marzo, 2017

David G. Panadero, y "Los viejos papeles"



David G. Panadero se ha convertido en uno de los nombres propios dentro del mundo de la literatura negra española. Director de la revista consagrada al crimen “Prótesis”, que dirige desde el año 2002, director de la colección Off Versatil, periodista, ensayista y autor de la novela “Los viejos papeles”, publicada por Cuadernos del Laberinto.  


—Una pregunta inevitable para empezar: ¿De dónde viene tu afición por la literatura negra?
Empecé a leer novela negra por recomendación de un amigo, el poeta Jesús Urceloy. Me prestó dos novelas de Andreu Martín: Prótesis y La camisa del revés. Y dio en la diana porque la fiebre, lejos de curarse, ha ido y sigue yendo a más.

— ¿Cómo ve el panorama del género en nuestro país?
Se edita mucho así que hay donde elegir. Hay muchos festivales y puntos de encuentro, y esta situación se prolonga desde hace más de diez años, así que podemos decir que España es terreno conquistado para la novela negra. A la base de aficionados al género, que siempre ha sido una minoría, se suma ahora la multitud de merodeadores, lectores ocasionales y curiosos, lo que crea un ambiente bastante más favorable que el de hace un par de décadas, sin ir más lejos.

—Centrándonos en su novela, me ha parecido que es un caso atípico dentro del género. La primera novela negra sentimental que he leído.
Muchas gracias. Te lo agradezco aunque no creo que sea el primero. Sin querer compararme, creo que estoy en la línea de William Irish o Margaret Millar, que escribieron novelas psicológicas densas, con la idea del azar y el destino como elementos centrales.

—En su obra se percibe que has puesto mucho de emocional, de personal en la historia. ¿Sentías la necesidad de escribir esta obra?
Los viejos papeles ha sido una necesidad vital, claro. Mi forma de despedirme de mis padres y de algunos amigos como Carlos Pérez Merinero. Dejar atrás ciertas nostalgias, tal y como hace el protagonista de mi novela, y saltar sin red a la llamada vida adulta. Que valga o no la pena ese salto es algo que aún no he dilucidado.

—Volviendo a lo atípico de la novela. Los personajes se alejan de los clichés establecidos del género.
Pienso que mis personajes no son clichés porque aspiran a cierta complejidad y reflejan conflictos bastante concretos. No están ahí para justificar los giros de la trama. Al revés. De hecho aposté por una estructura narrativa bastante sencilla para dejarles a ellos más margen de movimiento.

—Gracias a las nuevas tecnologías, ahora el contacto entre el autor y el público es más inmediato. ¿Cómo ha sido acogida la novela? ¿Has recibido alguna impresión por parte de los lectores?
Mi novela es una novela, digamos, de trinchera. Apreciada por algunos lectores especializados. En general con ella me he ganado la simpatía de muchos. Sin embargo algunos, conocedores de mi pasión por lo negro, me han reprochado no haber escrito una novela negra más canónica. Sin embargo lo que escribí se ajusta como un guante a lo que tenía planeado. Es decir, que lea mucha novela negra no significa que no pueda aventurarme dentro de la misma con un planteamiento diferente o practicarla con total libertad, que es lo que he pretendido.


—¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?
Suelo escribir sobre lo que me interesa de forma más personal en cada momento. Cuando escribí Los viejos papeles me despedía de mi familia, de manera que me interesaba especular sobre ella en clave de ficción, fantaseando, llevando muy lejos mi propuesta. Me interesaba escarbar en los secretos familiares, profundizar en las contradicciones, de forma muy genérica. Es decir, que no plasmo de forma literal, ni mucho menos, mis vivencias particulares, sino que aspiro a cierta universalidad, inquietudes, asuntos, formas de pensar que creo que a nadie le son del todo ajenos… y para ello (en la ficción) me serví de un crimen, de sus consecuencias y de los recuerdos que genera con el paso del tiempo.

—He leído en alguna entrevista tuya que, para ti, la escritura es un trabajo de oficina, con horario y objetivos semanales.
Eso lo da mi experiencia como periodista y mi situación de pluriempleado. Resolverlo todo en plazo para facturar y cobrar. Soy bastante metódico organizando mi trabajo, mi escritura. De lo contrario, tendría que haber tirado la toalla hace mucho. No hay otra.

—Entonces, ¿no tienen ninguna costumbre, manías o preferencias a la hora de escribir?
Me gusta entrar en ambiente con algo de música. Para escribir Los viejos papeles escuchaba la música de la película Dioses y monstruos, de Carter Burwell. Me gusta tener mucha bebida (café o infusiones), tabaco (antes, de liar, y ahora cigarro electrónico). Y disfrutar de silencio y tranquilidad durante varias horas seguidas. Necesito una inmersión fuerte. También suelo levantarme y escenificar los diálogos para dar voz a los personajes. No quiero saber lo que pensarán mis vecinos… Necesito expresar en voz alta muchos fragmentos porque me interesa saber cómo sonarán, cómo se leerán.

—Para concluir, de pequeño, cuando iba al cine, ¿con quién iba, con el bueno o con el malo?
Ni con uno ni con otro. Siempre he ido con el inconformista, con el rebelde, con el incomprendido… Calimero que es uno.



David G. Panadero
David G. Panadero
(Madrid, 1974)
Periodista y escritor. Especialista en las más diversas manifestaciones de la cultura popular, como el cine o la novela negra. Entre sus trabajos destacan varios libros sobre cine, algunos en colaboración con Miguel Ángel Parra.

Desde 2002 edita y coordina la revista Prótesis, su proyecto más personal, con el que ha contribuido al resurgimiento de la novela negra española.

Actualmente dirige la colección de género Off Versátil y trabaja como profesor de Técnicas Narrativas en CEV (Madrid), escuela superior de comunicación, imagen y sonido, siendo además redactor de su Departamento de Márketing y Comunicación. 



Los viejos papeles", de David G. Panadero
Editorial Cuadernos del Laberinto
Colección ESTRELLA NEGRA, Nº15
128 páginas • I.S.B.N:978-84-945530-2-8 • 16€




El pasado es como un perro rabioso.
Arturo Iglesias es un joven periodista que, como la mayoría, tiene una vida laboral marcada por la inestabilidad. La reciente muerte de su madre supone un cambio radical en su vida, una especie de liberación que le mueve a emprender su proyecto más personal: un gran reportaje sobre las novelas de bolsillo en los tiempos de Franco.

Eso le lleva a conocer al viejo escritor Mateo Duque, autor de decenas de novelas «de a duro» bajo el pseudónimo de Matt Duke. El pasado se disfraza de casualidad para reunir a estos hombres que, poco a poco, van descubriendo que algo les une: un suceso acaecido años atrás, en los tiempos oscuros. Y desde ese pasado, la traición y la muerte avanzan de la mano hasta alcanzar el presente.

Con un estilo intimista y una prosa directa, el autor combina el mundo interior de los protagonistas con un código de honor insobornable, y nos presenta unos personajes que caen víctimas de sus ideales.


Aprovechando sus extensos e intensos conocimientos de la novela popular española, David G. Panadero nos ofrece una mirada nostálgica pero nada complaciente al mundillo de las novelas de kiosco. Como telón de fondo, el Madrid de tiempos de Franco, los sindicatos y los intentos de convocar una huelga general… Ideales fracasados que arrastran a sus personajes sin remedio.

«Los viejos papeles» es la combinación definitiva de Dino Buzzatti y las películas de Sergio Leone. (LUIS DE LUIS)

«Los viejos papeles» es la novela pulp de los sentimientos. (JUAN SALVADOR LÓPEZ• Estudio en Escarlata)



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